Declaración: Basta de malas condiciones de estudio

Desde el primer día y todos los días construyendo la educación pública

Hace años que las condiciones de estudio en la UdelaR se vienen deteriorando. Esto tiene un impacto para una enorme cantidad de estudiantes que se ven imposibilitados de continuar sus estudios o de hacerlo de forma digna.

Con el comienzo de la pandemia, las Facultades en su mayoría le cerraron sus puertas a los estudiantes quienes nos sumimos en la incertidumbre de qué iba a pasar con nuestros cursos, bajo qué modalidad íbamos a tener clases, si íbamos a poder continuar con los laboratorios, las prácticas, los internados, etc. 

Con el paso del tiempo, lejos de tener respuestas, nos encontramos con la suspensión de todas las actividades presenciales, recortes en los contenidos de las materias y la “adaptación” de las clases al formato virtual completamente insuficiente en muchos casos. Atraso curricular que al día de hoy es de 2 a 3 años en muchas carreras, evaluaciones marcadas por la desorganización y las arbitrariedades, recortes de períodos de exámenes y cambios en los mismos sobre la marcha haciendo caso omiso a lo que pensábamos y precisábamos los estudiantes.  

En lugar de abocar los esfuerzos a paliar todo lo mencionado, usaron la excusa del Covid, el cansancio y la imposibilidad de hacer más para no responsabilizarse de sus tareas de enseñanza para con los estudiantes, siendo que la enseñanza es, en definitiva, el principal fin de las instituciones educativas.

¿Pero algo de esto es nuevo? 

La pandemia no generó todos estos problemas como nos vienen diciendo desde 2020 sino que llegó a profundizar y dejar en evidencia aún más todas las carencias que la UdelaR ya tenía y que se venían agravando a lo largo de los años. La falta de turnos, el recorte de la calidad académica, el quedarnos afuera de las clases por falta de lugar, los cupos en las materias y las prácticas no son una novedad sino que son situaciones que ya existían por los problemas presupuestales de la UdelaR y por sobre todas las cosas, por las prioridades de quienes deciden a dónde se disponen los recursos que existen y que están lejos de ser volcados a solucionar los grandes problemas de los estudiantes.

De esto son responsables las autoridades y los docentes, pues son la mayoría en los espacios donde se deciden estas cosas, y solo velaron por cuidar su comodidad y sus cargos en lugar de darle respuesta a nuestros problemas. 

El comienzo de cursos del 2022 es un nuevo ejemplo de la incapacidad y falta de voluntad de la institución para afrontar nuestras necesidades. En el retorno paulatino a la presencialidad nos hemos encontrado con diferentes situaciones injustas:

docentes que definen recortar instancias presenciales que existían antes de la pandemia y que debían retomarse, recortes de horarios de teóricos o clases enteras que se sustituyen por videos grabados, limitaciones a la entrada de facultad con cuerdas y a las clases echando a quienes se sientan en el piso por la falta de asientos. Siguen faltando clases prácticas y no se proponen soluciones para el atraso curricular como es el caso de carreras enteras de tecnología médica. Inclusive se toman decisiones que dilatan el funcionamiento normal de los cursos esperando a que  muchos estudiantes abandonen y se resuelvan ciertos problemas “por sí solos”, como pasa año a año en Facultad de Ingeniería y en otras facultades.

En otras carreras inventaron previas y se eliminaron períodos de examen a modo de filtro. Siguen siendo postergados en la gran mayoría de las casas de estudio los turnos nocturnos que le permitan a quienes tengan que trabajar poder estudiar. ¿No sería lo correcto que se pusieran todos los recursos y esfuerzos docentes en generar más turnos para clases presenciales y virtuales, clases de consulta, etc, para que los estudiantes podamos tener una educación de calidad y a la que todos puedan acceder? Queda claro que esta no es la prioridad. 

¿Por qué una institución que se jacta de ser una de las instituciones educativas más importantes del país, que se saca cartel de tener libre acceso le presenta a los estudiantes incontables obstáculos para avanzar en sus carreras?

¿Acaso tenemos que pagar cierto derecho de piso por acceder a educarnos en la UdelaR?

Tenemos que aceptar que nuestra realidad cotidiana sea la ley del más fuerte en donde solo te podés recibir si sobrevivis a haber estado años llegando horas antes a clases para poder entrar, si podés adaptar tu vida a tener clase en cualquier horario, con más carga horaria de la que dicen los papeles y aceptando atrasar tu egreso por la burocracia institucional?

Ante todo esto ¿quién hace algo por nosotros? 

La experiencia de estos últimos años, la situación en la que se encuentra nuestra educación y la falta de garantías de recibir una formación de calidad nos demuestra que las cosas no van a cambiar por la buena voluntad de la institución ni tampoco por sí solas. 

Cuando decimos que las cosas no van a cambiar por sí solas, significa que no lo van a hacer a menos que los estudiantes hagamos algo. Hacer algo implica no mirar para el costado, no esperar que otros nos solucionen los problemas, aunque no sepamos qué hacer al principio, ya con el hecho de no quedarnos callados y hablar entre nosotros es algo, es un inicio para ir gestando ideas que nos permitan visibilizar estas injusticias y generar un movimiento para cambiarlas. 

Nos encontramos frente al desafío y la necesidad de exigir con fuerza soluciones y está en cada uno de nosotros construir organizadamente, con solidaridad y valentía un movimiento que luche de verdad por cambiar nuestra realidad, que como hemos visto, a pesar de que existan Facultades diferentes, es igualmente injusta para todos los estudiantes.

BASTA DE MALAS CONDICIONES DE ESTUDIO ¡HAGAMOS ALGO!

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