Sobre la coyuntura y la situación del Movimiento Estudiantil

Desde el primer día y todos los días construyendo la educación pública

La llegada de la pandemia de COVID-19 profundizó la gravedad de la situación económica que se ha ido deteriorando en los últimos años. Aumentó el desempleo, llegando a un 15%, envíos masivos al seguro de paro en los últimos meses, aumentaron los precios de alimentos y bienes de consumo (que implica una rebaja en el poder de compra de los trabajadores). Todo esto se ve reflejado en las ollas populares que se han organizado para atender a centenares de personas que, ante la compleja situación económica, se ven en la necesidad de acudir a estas iniciativas solidarias para poder subsistir. Se suma además, que las proyecciones de crecimiento económico no son alentadoras. Con esto, la perspectiva de empeoramiento de las condiciones de vida de la población trasciende la pandemia.

Se ha impuesto un discurso, encabezado por el Gobierno, en el que se dice que la situación económica se debe a la pandemia y que la sociedad en su conjunto debe hacer un esfuerzo, ya que de esto “se sale adelante todos juntos”. Pero las ganancias del capital se mantienen a costa del empleo y del salario mientras que la crisis cae sobre la clase trabajadora.

Frente a esta situación, no existe una respuesta fuerte por parte de las organizaciones populares, y en algunos casos se pliegan al discurso oficial, y en general son escasos los planteos con el foco en las condiciones de vida de la clase trabajadora. Esto se debe a la desarticulación que ha sufrido el movimiento social en los últimos años, encabezado por dirigencias progresistas.

Ejemplo de esto es la última pauta salarial firmada, en la que se estipula un 3% de aumento en los salarios, mientras que la inflación (el aumento de los precios) llega a un 11%. Esto implica necesariamente una pérdida en el poder de compra, y por lo tanto de la calidad de vida de los trabajadores. Se prevé además, que el salario comience a recuperarse en 2022 “en la medida que las condiciones de crecimiento lo permitan”, lo cual, ante las proyecciones de decrecimiento económico, no da ninguna certeza.

La dirigencia del PIT CNT en vez de combatir esta propuesta de pauta salarial la acordó con el Gobierno y las cámaras empresariales. Se aceptó una pérdida salarial de esa magnitud bajo argumentos del estilo “hay que resignar salario para no perder puestos de trabajo”, lo cual no tiene ningún sustento ya que no existen garantías de que no vaya a haber despidos. Con un movimiento social conducido por el progresismo, que no está poniendo como eje las condiciones materiales de la población, el ajuste sobre los trabajadores avanza casi sin resistencia.

La situación de los estudiantes universitarios

Frente a la crisis que estamos viviendo, y los cambios que se han instaurado a raíz de la pandemia, cabe analizar la situación de la Universidad y cómo nos ha afectado a los estudiantes. Desde que se decretó la emergencia sanitaria, la virtualidad es una realidad en todas las facultades, lo cual, por diversos motivos, repercutió en el cursado de muchos estudiantes.

En primer lugar, es imposible garantizar el acceso real a la enseñanza a través de esta modalidad, no todos los estudiantes contamos con los medios necesarios, ya sea una buena conexión a internet, o una computadora. Tampoco todos contamos necesariamente con un espacio en nuestras casas para estudiar de la mejor manera, sumado a que en esta coyuntura particular, en muchos casos se sumaron otro tipo de tareas que atender, como cuidado de niños durante el período que las clases se encontraron suspendidas, más tareas en los hogares, etc.

Esto se suma a la situación económica, en la que muchos estudiantes perdieron sus trabajos o vieron resentidos sus ingresos o los de sus familias, teniendo nuevas preocupaciones, viéndose obligados en algunos casos a volver a sus ciudades en el interior del país, con la incertidumbre de no saber si van a poder volver a Montevideo.

Además de estos problemas que tienen que ver con la situación socioeconómica de los estudiantes, y que por lo tanto afecta más fuertemente a las familias trabajadoras, la virtualidad trajo asociadas muchas alteraciones en las condiciones de cursado y en los regímenes de evaluación y de ganancia de los cursos que también tienen consecuencias negativas para los estudiantes.

Debemos señalar que sustituir las clases presenciales por metodologías completamente virtuales significa una pérdida en la calidad de la enseñanza, y en algunos casos, hasta la eliminación de contenidos que no pueden adaptarse a lo virtual. Debemos trabajar para que cuando no exista riesgo sanitario, las clases presenciales vuelvan a dictarse con normalidad.

No por esto dejamos de destacar la importancia de la generación de materiales audiovisuales, como las clases grabadas, y el uso de las plataformas, que son realmente útiles para complementar nuestra enseñanza y para aportar en el sentido de garantizar un mayor acceso a la Universidad, permitiendo que aquellas personas que por cuestiones de horario u otras complicaciones se les dificulta ir a clase, al menos puedan tener material a su disposición. Debemos apostar a que todos los contenidos generados en esta etapa se conserven y produzcan aún más.

La FEUU y el Movimiento Estudiantil

El movimiento estudiantil, que cobró protagonismo en los últimos años sobre todo a partir de la lucha presupuestal del año 2015, se encuentra en un franco deterioro en términos de capacidad de convocatoria, organización y debate político.

En este escenario, la FEUU, organización que dice representar a los estudiantes universitarios y sus intereses, ha estado completamente ajena a los problemas más sentidos de los estudiantes. Los sectores que conducen la Federación han impuesto en su agenda cuestiones que, dejando de lado las necesidades de los estudiantes, buscan acumular hacia las filas de sus sectores partidarios planteándose como supuesta oposición a las políticas del Gobierno, cuando en la realidad, la mercantilización del sistema educativo público es también responsabilidad de las políticas que ellos mismos impulsaron.

Esto se da en el marco de una estrategia general del progresismo de crear espacios que nuclean a cada vez más organizaciones sociales para legitimar sus posiciones. En el último tiempo han aparecido varias consignas y convocatorias a distintas movilizaciones, bajo la firma de la Intersocial. Este es el caso, por ejemplo, de una plataforma de medidas que se propuso para atender la emergencia sanitaria, o de la marcha que se convocó para el 30 de julio bajo la consigna “presupuesto para el pueblo”.

En este sentido la Intersocial se presenta como una coordinación del movimiento social, de la cual participa la FEUU, entre otras organizaciones (PIT CNT, FUCVAM, ONAJPU, Intersocial Feminista, Colectivo Ovejas Negras y Redes Amigos de la Tierra). La realidad es que poco tiene la Intersocial de coordinación, sino que más bien tiene un rol de legitimar los lineamientos que emanan del progresismo. La FEUU no lleva a la intersocial las propuestas y consignas que surgen de las bases estudiantiles, sino que se da el proceso contrario: la conducción de la FEUU impone las cuestiones que la intersocial define, sin que quepa lugar para ningún tipo de discrepancia o discusión. La intersocial no es más que un conjunto de sellos, una pantalla tras la cual el progresismo marca la agenda política de las organizaciones que dirige.

Es así cómo también ocurre que las cuestiones que ponen en agenda, lejos están de ser los problemas más urgentes que tenemos hoy los estudiantes y los trabajadores, y tampoco se plantean una lucha para efectivamente derrotar las políticas del gobierno que critican.

Este ha sido el caso, por ejemplo, de la Ley de Urgente Consideración. En la FEUU nunca se dio un debate de fondo sobre los aspectos de la Ley, ni se analizó por qué se debía combatirla, simplemente se tomaron consignas que estaba planteando la Intersocial, y se replicaron sin la menor discusión. Esta Ley que profundiza la mercantilización de la educación, aumenta la capacidad represiva del Estado en varios aspectos y atenta contra las libertades gremiales y sindicales, si vamos a los hechos no representa un cambio de rumbo radical en la política nacional sino más bien una aceleración de un proceso que está en curso hace varios años. Con esto la oposición que plantea el progresismo a la misma no tiene como fin derrotar a la LUC sino más bien aportar a la construcción del relato de los dos modelos de país que se enfrentan y que tienen sus supuestas expresiones electorales en el Frente Amplio por un lado y en la Coalición Multicolor por el otro. Esta falsa dicotomía debe ser desenmascarada y no puede priorizarse en la lucha social el combate estéril a la LUC por encima de la lucha por las condiciones de vida de los trabajadores y estudiantes.

Como agrupación hemos participado, desde una posición minoritaria, activamente en la FEUU en los últimos años, yendo quincenalmente a los Consejos Federales donde la representación de los distintos Centros de Estudiantes toma las definiciones cotidianas, preparando discusiones y documentos sobre los diversos temas que se discuten e impulsando la discusión democrática de los mismos. Además hemos tenido una fuerte actividad militante en torno a varias actividades que hemos impulsado en la misma como las luchas presupuestales anteriores, la defensa del Hospital de Clínicas, la lucha contra el avance represivo, entre otras.

Sin embargo en los últimos tiempos la capacidad de debate en la Federación se ha reducido drásticamente, difícilmente se nos presenta oportunidad donde podamos profundizar un debate o siquiera llegar a abordarlo. Se coloca sistemáticamente como eje central el pliegue a las campañas impulsadas por el progresismo, dejando escaso margen para cualquier elemento que se escape a eso. Y cuando se logran tomar definiciones favorables, o bien la propia inoperancia de su conducción las convierte en letra muerta, o son completamente ignoradas y se hace lo contrario justificando de manera absurda los hechos.

Estando en las puertas de la definición de lo que será el presupuesto de la UdelaR durante los próximos cinco años, la Federación no ha puesto sobre la mesa las reivindicaciones de los estudiantes. A pesar de nuestros impulsos, apenas se han discutido cuáles son las cuestiones que más nos afectan por falta de presupuesto, cómo la falta de becas, la superpoblación que existe en muchas facultades, las pésimas condiciones edilicias de muchas otras, la falta de turnos que permitan a todos estudiar, la existencia de cupos que restringen el ingreso a algunas carreras, entre otros problemas.

En lugar de tomar ese camino, la conducción de la FEUU optó por plegarse al pedido presupuestal que la Universidad está realizando al Gobierno, aunque sea insuficiente y no contemple las necesidades estudiantiles y a pesar de que a propuesta nuestra se aprobó explícitamente lo contrario. Se optó, nuevamente, por adherir a consignas genéricas carentes de contenido impulsadas desde la intersocial, como “presupuesto para el pueblo”, sin planteos concretos ni de cara a efectivamente lograr algún cambio, simplemente tratando de fortalecer un discurso de oposición al Gobierno, que queda en consignas y no se traduce a los hechos.

La Federación tiene el potencial de ser una importante herramienta, como lo ha sido en otros tiempos, para nuclear y organizar a los estudiantes universitarios en torno a sus problemas y reivindicaciones. Lamentablemente no son esas las perspectivas de quienes hoy la dirigen, encontrándose cooptada por intereses electorales cretinos y mezquinos, y lejos de las bases de estudiantes, reproduciendo planteos y convocatorias que surgen en otros ámbitos. Prueba de esto es lo poco común que es encontrarse con un estudiante que sepa que la FEUU existe y lo que es.

En esta nueva coyuntura, nos toca repensar nuestro trabajo y nuestras tareas. El escenario de lucha presupuestal nos plantea ciertas complejidades que nos implican reflexionar sobre el trabajo realizado hasta ahora. Reclamar un aumento de presupuesto para la Educación Pública es un planteo totalmente justo, pero es un hecho que la Federación de Estudiantes buscará enmarcarlo en una campaña completamente distinta y funcional a los intereses partidarios de su dirigencia.

La Universidad de la República tampoco será ajena a esto, la mayoría dentro de los espacios de decisión tienen las mismas corrientes de pensamiento que dirigen la FEUU. Pero peor aún, si nos guiamos por la experiencia de los años anteriores, la Universidad utilizará a los estudiantes en su campaña por presupuesto pero los dejará de lado cuando determine cómo distribuir el presupuesto que le fue asignado.

Se vuelve una tarea fundamental en este escenario construir una fuerza organizadora de los estudiantes para pelear por sus intereses. Deberemos actuar facultad por facultad buscando plantarnos firmes contra las situaciones adversas que nos impone esta realidad, luchando por resolver los problemas concretos y más sentidos por los estudiantes, exigiendo mejores condiciones de estudio y un acceso real a la Universidad para todos quienes quieran estudiar, confrontando con las autoridades que busquen evitar estas soluciones ya sean de una facultad, de la Universidad o del Gobierno. Si bien la desorganización y la confusión sobre cómo actuar priman dentro del estudiantado debido al vacío en el que se encuentran las organizaciones que buscan representarlo, creemos firmemente que es posible y necesario recuperar al movimiento estudiantil para la lucha, y en ese objetivo se deben centran hoy en día nuestros esfuerzos.

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